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martes, 19 de agosto de 2014

Historia del Templo






Antes de ser el templo que conocemos en la actualidad, Jesús Nazareno era una pequeña capilla ubicada en la Avenida Carabobo, que comenzó a construirse el 25 de febrero de 1895 por doña Isabel Echavarría, muy devota al Señor con la cruz acuesta; y terminada el 5 de agosto de 1899. Al día siguiente, día 6, fiesta de la Transfiguración del Señor, con el traslado de la estatua de Jesús Nazareno (donada por la Sra. Leonor Arango de Muñoz), desde la capilla de la Vera Cruz hacia la nueva ermita, se inauguró la capilla y el culto al Señor cargando la Cruz. La capilla medía 32 metros de largo, por 9 de ancho. Limitaba por la castiza fachada con la Av. Carabobo, y por el costado con la calle Moore. Los Misioneros de esa época convirtieron la humilde Capilla en un Cielo en la tierra. Hicieron de la pequeña Iglesia de Jesús Nazareno uno de los centros de mayor intensidad de la piedad cristiana de todo Medellín.

El templo actual de Jesús Nazareno se comenzó a construir en el año 1941, por los Misioneros Claretianos, y se culminó hacia el año 1953. Este bello templo hace parte del Patrimonio religioso de la ciudad de Medellín. Su línea arquitectónica es gótica, con acento francés, pero adaptada a las circunstancias de la época. Este templo, que en esbeltez, arte y grandeza, es considerado uno de los templos más hermosos y aventajados  entre cuantos exornan a la ciudad de Medellín.  El templo combina diversos elementos que dan como resultado un conjunto monumental.

Está precedida de un bellísimo pórtico en el que la figura del Nazareno cargando la cruz recibe a los fieles y los invita a la reflexión y a la conversión. Ya dentro se visualiza la solemne belleza, en que la profusión de detalles enmarcan preciosas imágenes y obras de arte de sin igual belleza.


 
En lo alto de la torre, se vislumbra airosa una imagen de la Madre de Dios, María Santísima, bajo la advocación del Inmaculado Corazón de María en el que se albergan tantas grandezas y del que fluyen ríos de amor y de paz.






Jesús Nazareno camina recorriendo el Víacrucis y uniendo al Madero Santo todos los dolores y todas las esperanzas del mundo, que son llevados con amor por el Maestro Divino que, en esta templo, luce sereno y lleno de esa tierna misericordia con la que abrasa la Cruz en las que se han de crucificar todas nuestras culpas.



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